Al enemigo
La civilización occidental está donde está porque conocemos poco a nuestro enemigo. Hace ya mucho tiempo que no somos filósofos o amantes de la palabra y del ser humano. Vivimos en el mundo de los vencedores y los perdedores. Pero ¿quién de verdad pierde y quién vence? ¿Son los individuos o las palabras, aquellas que nos cuidan y construyen nuestro día a día?
La ingenuidad del ser humano frente el poder de los signos es lo que perpetúa su ignorancia. Lejos de ser neutrales, los símbolos poseen un origen y un lugar. Su paradigma es la dominación, la síntesis, y la punición.
'Al amigo, todo; al enemigo, ni justicia'. Esta frase que parece pertenecer al expresidente argentino Juan Domingo Perón es la expresión que mejor demuestra nuestra co-realidad. Una co-realidad fragmentaria y vacía de un significado inspirador.
¿Quiénes somos? Algunos creemos ser los protectores de la verdad o los ajusticiadores en nombre de Dios. ¿Por casualidad somos omniscientes? Vivemos juzgando el mal y condenando a los inocentes; si buscáramos la verdad, sabríamos que la presunción de inocencia es lo que nos mantiene cuerdos.
Las guerras existen mientras intensifiquemos nuestras identidades. Como consecuencia, intensificamos nuestras identidades siempre que demos por sentado el poder de los signos.
Lo interesante es que los conservadores son quienes más refuerzan la tradición, y con ello, de manera inconsciente, las guerras, a pesar de ser tradicionalmente espirituales o religiosos. Parece una paradoja, pero no lo es. El tradicionalismo no es más que una forma de violencia contra el movimiento del lenguaje y del organismo cultural humano. Porque su enemigo mayor es todo aquello que suponga un cambio capaz de destruir una identidad considerada por ellos verdadera. Pero la identidad es fluida como el agua. Si se mueve, da vida; si se queda estancada, trae la muerte.
Por eso es importante reconocer que el enemigo está en tu reflexión siempre. Miramos al espejo cuando juzgamos al otro.
Budō wa rei ni hajimari, rei ni owaru
武道は礼に始まり礼に終わる
Si de verdad quieres asumir el papel de guerrero en esta vida, debes saber que el camino del guerrero es el camino para acabar con el conflicto. No hay honor en la guerra. En las artes marciales japonesas se cree que todo comienza y termina con respeto. Primero que nada, hay que tener respeto a tu enemigo:
Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no debes temer el resultado de cien batallas. Si te conoces a ti mismo, pero no al enemigo, por cada victoria obtenida también sufrirás una derrota. Si no sabes nada ni del enemigo ni de ti mismo, sucumbirás en todas las batallas. Sun Tzu
Todos estamos vivos y co-creando el lenguaje y la vida. El momento presente puede convertirse en un infierno o en un paraíso según nuestra intención e inclinación. Por ello, no deberíamos inclinarnos a castigar a nadie, ya que ser el verdugo tiene sus consecuencias y, en general, no son buenas. Castigar es crear infiernos para los demás y nosostros. En cambio, deberíamos actuar de manera a ayudar y crear paraísos para quienes nos rodean. La realidad la co-creamos a partir de nuestras acciones e intenciones.
Si queremos vivir en un mundo justo, la justicia debe servir para todos, incluso para nuestro peor enemigo. No se debe admitir excepciones, puesto que la justicia es o para todos o para nadie.
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